Fue en la revolución francesa cuando se acuñó el término cuarto poder refiriéndose a la prensa y al poder que tenían sobre la sociedad. Orwell en el año 48 adelantó la neolengua en su novela 1984. En los 60, Malcolm, lo volvía a poner encima de la mesa “Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Son muchas las personas que han escrito y debatido acerca de los peligros y las miserias de un sistema neoliberal. Hoy, 14 años después de haber superado la fecha marcada por Kubrick en su 2001 donde dibujaba una sociedad civilizada cuando menos, los signos de que esto hace aguas socialmente son más evidentes. Al capital no es que le vaya mal, los ricos cada vez son más ricos. Mientras, sus mass media están inmersos en buscarnos enemigos fuera. Con la excusa de la crisis económica hemos retrocedido tanto que poco nos queda para vivir la 9ª cruzada. Mientras ayer tocábamos en la Ley Seca un vecino se quitaba la vida antes de ser desahuciado. El segundo en un mes en la ciudad. El enésimo de una macabra lista que nos recuerda que el capitalismo es insaciable y que el neoliberalismo va a por todo. Y los Medios son el gran cómplice, no se abrirán telediarios, no habrá ninguna portada, no habrá un funeral de estado ni irá ninguna personalidad al entierro. De hecho, quizá, ni siquiera tenga la víctima gente que le pueda pagar el entierro. Por si fuera poco, hoy hemos amanecido conociendo que una mujer más ha muerto a manos de un hombre. La décima en lo que va de año. Los medios invocarán a la neolengua y nos dirán, como mucho, que ambos casos son una tragedia. Que han sufrido lesiones incompatibles con la vida. Si dicen algo dirán que son sucesos, como si hubiera pasado sin más, como si fueran hechos inevitables en los que no haya que buscar culpables y como si no tuviera que haber consecuencias. Un incidente más de violencia doméstica y una tragedia en un barrio. Hay que decirlo alto y claro: son asesinatos. El resto es complicidad.

El asesinato es un delito contra la vida humana, de carácter muy específico, que consiste en matar a una persona concurriendo ciertas circunstancias, tales como: alevosía, precio, recompensa o promesa remuneratoria y ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido. Es un tipo de homicidio cualificado.

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